Para que desperdiciar el tiempo evocando la belleza si una sola palabra puede sintetizar todas las bellas verbas, para que susurrar si es tan grato de oír el nombre de la que a tantos hombres hace sufrir. No es necesario recordadle lo preciosa que es, pues cuando va al espejo poderlo puede ver. No se necesita decirle que es amada y que por ella n dudarías en morir pues sabe que es lo que sus ojos me hacen sentir. No habla como las demás mujeres sino de su boca sale fina melodía de plata, hace callar a los grillos, enamora a las plantas. Cuando ella nació el sol decidió seguirla allá donde fuera, día la observa desde su guarida mas allá de nubes y planetas. Bien amada es y ella bien lo sabe pero esto a ella no parece importarle pues sigue conmigo siendo cada día más de amable como si tuviese por algún extraño motivo conseguir que su compañía me fuera día a día aun más agradable.
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